Peleas infructuosas por Roberto López Barradas
Escrito por: Roberto López
Jueves 06 de agosto de 2026

/ Fotografía: Cortesía .

Xalapa, Ver . - En esta ocasión quiero dar seguimiento a la entrega pasada, en la que hablábamos de la intolerancia frente a la empatía, y como estas dos palabras, parecen estar de moda en nuestros días.

Muchas veces una marcada o repetida intolerancia a detalles pequeños puede ocasionar graves problemas, o bien la falta de empatía recurrente, puede generar conflictos o diferencias, aunque muchos de esos problemas también son simples, menores, sencillos o fáciles de aclarar o resolver.

Y es que, basta un solo momento, una mala actitud, un desacuerdo infundado, una mala cara, una mala contestación, una mala interpretación, un mal entendido o una omisión involuntaria, para iniciar una discusión o pelea entre dos personas, ya sea para defender su razón, su punto de vista o su molestia, y si a eso le sumamos la falta de voluntad para solucionar el conflicto, el problema se puede agravar a tal punto que se convierta en un enojo que dure días, meses, años.

Cuando no existe la intensión de resolver, razonar o ceder, las peleas, los problemas, se pueden agudizar por largos periodos de tiempo, llegando a generar rupturas de pareja, de familias, de amistades, y muchas veces, sin una razón de peso que valga la pena para enojarse tanto y por mucho tiempo (se lo digo con conocimiento de causa, porque vaya que en mi familia y círculo de amistades, he tenido situaciones así, o he sido testigo de largos conflictos entre familiares o amigos).

Pero en fin, la intolerancia en una persona es una condición terminal, tajante, definitiva, es aquella que no acepta verdad u opinión en contrario, que se casa con sus ideas y decide enojarse para mantener su postura, aunque la otra parte no se lo tome tan enserio o no le de importancia, entonces el conflicto puede morir, bastará con un poco de tiempo, para que la molestia se inhiba, se disuelva, se esfume, gracias a que la otra persona mostró desinterés en seguir peleando, dando tiempo al tiempo para que se diluya, como se dice coloquialmente, le da el avión, deja que se calmen las aguas o simplemente lo deja en visto, jejeje.

En cambio, una pelea entre dos personas, se da cuando ambas se muestran molestas, dispuestas a defender su razón o motivos, como decía mi amigo Isidro López Sena “para pelear se necesitan dos, y que tengan ganas”.

Por supuesto, que hay muchos problemas que se generan por razones graves, fuertes, válidas, pero hay otros, que el motivo que los originan es simple, irrelevante, casi nulo o fácil de tolerar y entender, para reaccionar de manera tranquila y tratar de resolver, remediar o conciliar prontamente.

Esos problemas leves, esas situaciones menores, mal entendidos que se pueden resolver o ignorar fácilmente, son tan comunes, que a veces ni siquiera vale la pena darles importancia, por ejemplo: el orden de la casa, cuando cambias de lugar las cosas y no las devuelves, no arreglas la ropa, los zapatos, no levantas tu plato, no tiras la basura, no te acomides a poner la mesa, a cerrar la puerta, etc., cosas simples, peccata minuta, pero que, si le damos mayor importancia de la debida, se convierte en la gran pelea, porque al menor reclamo de una parte y la reconvención de la otra, se desata la tercera guerra mundial, arde Troya, sálvese quien pueda.

Lo mismo sucede con una mala actitud, una mala cara, una mala interpretación, que si se le da más valor o importancia, se puede considerar como un desafío, un intento de desacato o una señal de desacuerdo, que podría derivar en un problema; me encanta una escena de la película de Disney “intensamente” (que ciertamente, parece hecha más para los adultos que para los niños, debido a su gran estudio sobre las emociones y el comportamiento de las personas), hay una parte en la que la protagonista Riley, se siente triste, pensativa, callada, está sentada a la mesa con sus papás, y la mamá se da cuenta que algo le pasa, entonces todas las emociones que se encuentran en el cerebro de la mamá, deciden investigar, pero coinciden que necesitan el apoyo del papá y dicen: hazle señas al esposo, entonces la mamá discretamente tose al mismo tiempo que le señala con los ojos hacia la niña; ahora en el cerebro del papá, todas las emociones están viendo el futbol, pero se dan cuenta que le está hablando la esposa, ellos dicen: nos está mirando, uno pregunta ¿qué fue lo que dijo? No sé señor, entonces se quedan pensando un momento y rápidamente quieren adivinar por qué les está hablando: ¿sacar la basura? ¿levantar la tapa del inodoro? ¿qué? ¿qué quieres mujer?, hasta que la esposa le vuelve a señalar con la mirada hacia Riley, entonces se dan cuenta que se trataba de un asunto con su hija, y no era algún problema entre ellos.

En conclusión, muchos de los enojos, enfados o molestias que originan problemas, se pueden solucionar con un poquito de voluntad, paciencia y tolerancia, evitando así, que se conviertan en conflictos graves, que se pueden prolongar más de lo debido, por largos periodos, donde las personas se dejan de hablar y frecuentar, muchas veces dentro del mismo hogar, lugar de trabajo o escuela.

Si pudiéramos medir todo el tiempo que perdemos por peleas infructuosas con las personas que amamos, dejaríamos a un lado nuestro mal carácter, ego, soberbia, cambiaríamos de actitud y pelearíamos menos.

Yo te animo a que antes de empeorar la situación con una respuesta igual o peor, que en ti quepa la prudencia, seas paciente y trates de contestar de manera tranquila, para evitar que se extienda el enojo, como dice la biblia en el libro de los proverbios 15:1: “La blanda respuesta quita la ira; Más la palabra áspera hace subir el furor.”
¡Dios te bendiga!

Mi correo es: robertlb76@hotmail.com y mis redes sociales Facebook: Roberto López Barradas. Instagram: robert_lopez_barradas



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